Espero que os guste, no es que tenga intención de seguirla, o tal vez si, depende de como me vengan las ideas, además acepto sugerencias. Es casi que la primera vez que escribo algo, me gusta mucho la lectura y tengo mucha imaginación, pero todo se queda en mi cabeza.
La maldición
Había
conseguido huir. Lo único que se veía entre la niebla era la alta
torre, aquella donde la habían esperado, aquella donde había pedido
que realizaran la más oscura de las artes. Revivir a los muertos.
Tras haber
realizado un largo viaje, con el único propósito de curar la
enfermedad de su madre, no había llegado a tiempo, y antes de llegar
a su destino, murió. No pudo soportarlo. Se había quedado huérfana,
su padre había muerto poco después de nacer ella, su padre, un
hombre especial, y al pensar en él se le ocurrió que podía visitar
a la única persona capaz de hacer volver a su madre junto a ella.
Allí en el territorio en el que se encontraba, muy cerca, vivía un
nigromante, temido por muchos y odiado por todos, siendo una
casualidad estar tan cerca o tal vez no, pues desde que su madre empeoró durante el
viaje, sin darse cuenta, comenzó a dirigirse hacia las posesiones
del brujo.
Conforme
huía del lugar, recordaba todo esto y las palabras del mismo antes
de huir:
“Se me
olvidó decirte, que para recuperar algo, tienes que dar algo a
cambio. Como lo que quieres es una vida, debes darme tú la tuya...”
Las palabras resonaban en su cabeza una y otra vez, la primera vez
que las oyó, le entró pavor. No sabía nada, sabía que ella tenía algo especial, su madre se lo dijo, pero nadie la avisó de esto. Aún así el
brujo fue más rápido que ella, y cuando se quiso dar cuenta su vida
estaba desapareciendo, comenzó a notar como el frío inundaba cada
una de las partes de su cuerpo, pero sin saber cómo, algo en su
mente se negó a que tal magia la inundara, y se llevara todo, su
último aliento. Lo que ocurrió después fue muy rápido, una sarta
de maldiciones y unas palabras: “¿Te niegas a cumplir el trato?
Pues no la reviviré, pero tú quedarás maldita, hasta el día en
que esa maldición congele tu corazón”
Siguió
corriendo a través de la niebla, recordando las palabras. Pensó que
tal vez, desde el principio, él nunca había pensado ayudarla, y
simplemente quería quedarse con su vida, para alargar la suya. Y
ahora se había quedado huérfana, huérfana y maldita por un
nigromante, un demonio. A fin de cuentas el saber popular es lo que
habla de él, que es un demonio con forma de hombre. No debía de
haber ido hasta allí, nunca, debía de haber dejado que la vida
siguiera su curso, sola, con los recuerdos.
Ya
bastante lejos, paró a descansar en un pequeño lago. Se había
olvidado que llevaba el arco largo de su padre. Un arco bastante
especial, pues no era capaz de tensarlo. Sonaba ridículo, pero era
así. Su padre era el único que sabía, según le contó su madre.
Aún así lo llevaba, algún día aprendería, sabía que había algo
mágico en él.
Se acercó
al lago y tomó un poco de agua, al llevar las manos a esta se fijó
en algo. Sus manos, el dorso de sus manos, tenía un extraño dibujo,
un símbolo circular, con dos círculos concéntricos, y unas letras
escritas, que no entendía.
Pero lo
que más la sorprendió fue el ver su reflejo en el agua, sus ojos,
antes castaños, tenían ahora una tonalidad rojiza, como los de un
demonio.
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